No es lo mismo, tanto por su naturaleza como por su impacto, lo que hace un vendedor ambulante de chicles en una esquina y un vendedor de cocaína en el narcomenudeo.
Uno no paga impuestos y viola la ley, pero el otro es parte de una red criminal.
Estas y otras afirmaciones han estado apareciendo en la prensa nacional y oficial y me perimto transcribir y compartir con ustedes como la del INEGI que tiene encuestas en las que pregunta acerca de las actividades informales, y la cifra más reciente indica que al final del año pasado había más de 11 millones de personas con empleos en el sector informal.
Pero, desde luego, en sus encuestas, el INEGI no pregunta por actividades ilegales y aunque lo hiciera, sería ingenuo pensar que la gente admitiría dedicarse a esa actividad.
Sin embargo, sume usted los ingresos generados por el narcotráfico en todas sus modalidades; agregue el dinero derivado del robo de autos; la elaboración de todo tipo de productos pirata; el contrabando; la venta de artículos robados; el tráfico de personas; la prostitución; el fraude tanto el tradicional como el electrónico, entre algunas de las actividades más visibles y el resultado serán ingresos impresionantes.
Tan sólo en el Distrito Federal se estima que se roben alrededor de 25 mil vehículos cada año. Aunque considere precios unitarios bajos, del orden de 50 mil pesos la unidad robada, estaríamos hablando de mil 250 millones de pesos por año.
La piratería genera ingresos para los piratas de 11 mil millones de dólares de acuerdo al estimado del Instituto para la Protección de la Propiedad Intelectual y el Comercio Legal.
En conjunto, las actividades delictivas en México deben generar ingresos de decenas de miles de millones de dólares, esto representa no sólo un impresionante poder económico, sino la capacidad de crear virtuales "estados" dentro del Estado.
Si se quisiera ahorcar financieramente a la delincuencia, una de las vías sería cerrarle la puerta al lavado de dinero.
Por ejemplo, se sabe que algunos de los cárteles del narco se quitan ese problema pagando "en especie" a quienes trabajan para ellos. La proliferación del narcomenudeo, en alguna medida ha surgido debido a la necesidad de "monetizar" esos pagos.
El Gobierno no podrá erradicar las actividades delictivas únicamente con poner al ejército en la calle. Esa medida puede ser útil, como mecanismo disuasivo, pero se necesita ver a la delincuencia de manera integral y una de sus vertientes más importantes es la económica.
Con la misma intensidad con la que se ha hecho uso de la fuerza pública para recuperar las calles y los espacios públicos, también se necesita una ofensiva para recuperar los espacios económicos.
Ojalá nos sorprenda la autoridad, pero hasta ahora no se ve con claridad una estrategia que esté orientada a echarles a perder el negocio a los delincuentes.
Si todos los géneros de economía ilegal que le describimos se convierten en actividades de alto riesgo por la efectividad de su combate legal; así como a los empresarios les hacen la vida imposible en los trámites, la autoridad se convierte en dolor de cabeza de la economía ilegal, entonces tampoco podrá realizar sus ganancias.
Desde luego, es más sencillo escribirlo que hacerlo, pero esa es una batalla que no puede dejar de dar la autoridad.
Jorge Zárate Montaño
DIRECTOR
IESDE
 |