El Desarrollismo: Un modelo alternativo de Gobierno Nacional y Gestión Empresarial
El Capitalismo de los clásicos y la miopía en su implementación actual

Nicolás Kfuri

Dr. en Ciencias Económicas, Univ. Nacional de Córdoba, Argentina.

Una de las mayores contribuciones del economista inglés Adam Smith (y de gran parte de la Escuela Económica Clásica que lo sucedió), fue su contraposición a la intervención gubernamental en el funcionamiento de los mercados. .

En tal sentido, Smith sostenía que las decisiones de los actores económicos, interactuando en un libre mercado, producirían una asignación óptima de los recursos A tal efecto lo denominaba “La Mano Invisible”. Ahora bien, el desarrollo teórico de Smith estaba fuertemente basado, como en el caso de gran parte de los economistas de la época, en una metodología sustentada en la observación de la realidad.

Por lo tanto, debe asumirse que los resultados de los análisis de Smith están impregnados de la realidad contextual que se estaba desarrollando en la Inglaterra del siglo XVIII. En tal escenario, los mercados a menudo generaban resultados más satisfactorios que los obtenidos al producirse intervención estatal, según el propio Smith.

De forma un tanto inexplicable, economistas posteriores sacralizaron lo que era resultado de la observación y lo erigieron en carácter de axioma. Debemos entonces, al menos, cuestionarnos de igual modo que lo hizo en su momento Smith: ¿el libre mercado y su invisible hand (laissez faire) continúan arrojando siempre mejores resultados sin la mínima intervención estatal? La respuesta, hoy en día, parece ser negativa.

Para comprender las razones de tal argumento basta con analizar si los principios básicos necesarios que llevan a la “perfección de los mercados” auspiciada por los economistas clásicos hoy siguen en vigencia:
a) transparencia de los mercados; b) igualdad de información entre los agentes económicos; c) nulos o bajos costos de transacción; entre otros.
Como todos apreciamos, estos aspectos no se presentan en prácticamente (quizás directamente en ningún) mercado en la actualidad. La Competencia Perfecta, marco necesario para el correcto funcionamiento del capitalismo clásico, presente en los inicios de la Revolución Industrial, ha quedado relegada por una realidad muy distinta: la Competencia Monopolística. En este entorno, en el cual un puñado de empresas domina los mercados regionales, domésticos y/o mundiales, no resultan aplicables políticas económicas generales,
para superar problemas económicos y sociales específicos.

Como ejemplo vale mencionar al Monetarismo (de bases científicas muy discutibles, a pesar de su bagaje instrumental y técnico), cuyas recetas uniformemente aplicadas en países con realidades absolutamente diferentes, han arrojado resultados muy distintos, según sea la condición estructural de los países donde se aplica.

Con Crecimiento económico no alcanza: debemos aspirar al Desarrollo

El objetivo que muchos economistas y jefes de gobierno persiguen desde hace varios años es el incremento del PIB o Ingreso Nacional, como fuente de salvación de todos nuestros males. Error. Si bien el crecimiento económico es una condición necesaria, no es suficiente. Se trata de un concepto estrecho, cuyo único propósito es el incremento cuantitativo de la estructura existente.

En contraposición, el Desarrollo es integrador, un todo complejo. Desarrollo incluye los aspectos culturales, económicos, sociales, políticos, tecnológicos, ambientales, etc. Por lo tanto, su ejercicio garantiza la sustentabilidad. El crecimiento, no. Basta como ejemplo el caso de Argentina, nación que experimentó altas tasas de crecimiento económico durante los noventa, al tiempo que se destruía la capacidad productiva nacional y se profundizaba una infame distribución desigual del ingreso. Desarrollo también significa equidad. Crecimiento, no necesariamente. El famoso “efecto derrame”3que sería generado por el incremento del
PIB aún brilla por su ausencia.

El Desarrollo fija como prioridad el mercado interno de producción y consumo. Esto no significa, como muchos intentan hacernos creer, que debemos cerrar nuestras fronteras al comercio internacional. Nada más alejado de la esencia del desarrollismo. Se trata, simplemente, de una cuestión de tiempos. Primero nos hacemos fuertes, desarrollando industrias básicas y generadoras de alto valor agregado. Luego nos proyectamos con solidez al mercado mundial. Esto no tiene nada de extraordinario; es exactamente lo que hicieron todos los que hoy son grandes países industrializados. Para lograrlo, no debe dejar de considerarse el rol fundamental que debe jugar la inversión extranjera directa, pero fundamentalmente la representada por el capital de riesgo. La inversión extranjera conformada por los capitales golondrinas ya ha demostrado su efecto negativo y muy alejado de los conceptos y prioridades de la producción.

México en particular, y América Latina en general, necesitan desarrollar actividades productivas de alto valor agregado, para evitar la transferencia de riquezas desde sus economías hacia las más desarrolladas. No podemos seguir vendiendo cereales en su estado natural y comprando software. Tampoco debe bastarnos con convertirnos en polos de mano de obra barata para la producción de bienes. Deberíamos cuestionarnos si ser un país productor de bajo costo laboral es una ventaja o, en verdad, una desventaja, analizando
las causas y consecuencias de tal fenómeno.

Finalmente, el Desarrollo es un concepto de aplicación tanto a nivel macroeconómico como microeconómico. Por lo tanto, como empresarios, también tenemos que aspirar al desarrollo de nuestras empresas, no sólo a su crecimiento. Para ello, debemos profesionalizar nuestros mandos gerenciales, definir con claridad nuestros planes de negocios e identificar nichos de mercado a los cuales seamos capaces de satisfacer de forma superior a la competencia, a través de nuestros procesos internos de generación de valor. Necesitamos, indefectiblemente, cambiar nuestra forma de hacer negocios hacia modelos más profesionalizados de gestión, que consideren a la integridad de los stakeholders4 y a sus intereses particulares en una perspectiva de largo plazo y no sólo a las métricas estrictamente mercantilistas de los shareholders, de dudoso compromiso para con la trascendencia de la empresa. Esta es la medula ósea del proceso de Desarrollo, en la órbita empresarial.

1 Basado en Ciencia, Tecnología y Futuro. Rogelio Frigerio. Editorial Sielp.
2 La totalidad de instrumentos financieros emitidos mueven diariamente U$S 2.200.000.000.000, cifra 10 veces
superior al PIB de todos los países del planeta juntos…A diferencia de la economía real, la financiera tiene un
mínimo impacto en la generación de puestos de trabajo, la cual es un bien social altamente valorado.
3 Según este fenómeno, el crecimiento generado en ciertos sectores económicos, luego fluiría hacia los demás
actores, inicialmente relegados por la política económica.
4 Todos aquellos que tiene algún interés en al compañía, ej: empleados, accionistas, comunidad, Gobierno,
proveedores, etc.
Autor: Nicolás Kfuri
Dr. en Ciencias Económicas, Univ. Nacional de Córdoba, Argentina.
MBA Purdue University, USA.
Profesor UPAEP, Puebla, México. Profesor Adjunto en Alemania, Argentina, Austria y Francia.
Consultor de empresas.
nicokfuri@yahoo.com

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